miércoles, 18 de abril de 2012

Dieta para mejorar el rendimiento escolar de los hijos


Dieta para mejorar el rendimiento escolar de los hijos
Algunos alimentos pueden ayudar a fortalecer las capacidades cognitivas de niños y adolescentes. Alimentar directamente al cerebro hoy es posible. Diversos estudios han comprobado que la dieta de una persona no sólo está asociada a la salud física del cuerpo, sino que también influye en la actividad cerebral y las capacidades cognitivas de cada individuo.
En la Universidad de California, Los Angeles (EE.UU.), por ejemplo, el laboratorio Neurolife, dirigido por el neurobiólogo chileno y académico de la misma entidad Fernando Gómez-Pinilla, estudia cómo el estilo de vida (dietas y ejercicios) es modificador de la salud mental y la cognición.
Según él, la alimentación puede aportar a la cognición cuando es adecuada, pero también puede dañarla cuando no lo es. Es más, aclara que ni siquiera es necesario suplementar con pastillas o vitaminas a los niños cuando la ingesta de alimentos es sana y variada.
Antigua relación
La relación entre alimentación e inteligencia no es nueva. Múltiples estudios han probado su efectividad (o perjuicio, según lo que la persona ingiera) y fue medida hace poco por investigadores de la Universidad de Bristol (Reino Unido).
Después de seguir a cerca de 14 mil niños desde los tres años de edad y hasta los ocho y medio, entrevistar a sus padres respecto de la dieta que llevaban, más tarde los menores fueron sometidos a test de inteligencia, tras los cuales los expertos llegaron a la conclusión de que aquellos niños que tenían una dieta saludable presentaban un coeficiente intelectual más alto que los niños que se alimentaban con más grasas, azúcar y comida procesada.
Es más, según el estudio de la universidad británica, por cada punto que bajaban en la escala de alimentación saludable que ellos mismos crearon, también disminuía un punto el coeficiente intelectual de los menores.
Fernando Gómez-Pinilla y la nutricionista y académica de la Universidad Andrés Bello (Unab) Ana María Gutiérrez destacaron una serie de alimentos que, por sus particulares características, ayudan a mejorar las funciones cognitivas y, además, entregaron recomendaciones de nutrición para que niños y adolescentes en etapa escolar puedan aprovecharlos al máximo y obtener un mejor rendimiento en el colegio.

1-.  Zanahorias y manzanas rojas
El color de las zanahorias y las manzanas de cáscara roja se debe a los betacarotenos. Estos elementos son esenciales en la nutrición, porque son precursores de la vitamina A, reconocida por su aporte a la función visual, pero que también incide en la memoria. El académico de la Escuela de Medicina de la U. de Harvard, Francine Grodstein, estudió los efectos del betacaroteno y concluyó que este nutriente puede aumentar la memoria y reducir las probabilidades de demencia, sobre todo si se consume en el largo plazo.
El betacaroteno también está presente en espinacas, brócoli, tomates y mangos. A la hora de la preparación, Gómez-Pinilla recomienda que en lo posible se consuman crudas.


2-. Adiós a todo tipo de azúcar
Así como existen alimentos que deben estar siempre presentes en la dieta de los escolares, para Gómez-Pinilla hay otros que simplemente se tienen que eliminar.
Encabeza la lista el azúcar y todos los productos ricos en esta sustancia: cereales para el desayuno, galletas, bebidas y jugos azucarados y golosinas. “No sólo se ha visto que pone a los niños más activos, también genera problemas de baja concentración”, dice el neurobiólogo.
Para la nutricionista Ana María Gutiérrez, si se sacan de la dieta los cereales con azúcar adicionada, la energía rápida para activar al cerebro por las mañanas se puede obtener de frutas y así asegurar una buena concentración en el colegio.


3-. Pescados grasos a la plancha
Según Fernando Gómez-Pinilla, los ácidos omega 3, presentes en el salmón y el atún, mejoran la memoria y el aprendizaje. Junto a su equipo lo comprobaron en el laboratorio de neurología de la Ucla: “En general, todos los pescados son buenos. Pero el salmón es el que más omega 3 contiene. Otros pescados que contienen una buena cantidad de este ácido esencial son el atún y la sardina. Los demás tienen en menor cantidad”, explica. Su recomendación es que este tipo de productos se consuma tres veces a la semana, en cualquier forma, menos frito. “Puede ser a la plancha, cocido o al horno”, dice. El omega 3 es necesario para que las neuronas se conecten y traspasen la información mediante el impulso eléctrico.


4-. Frutillas: antioxidantes
Según Fernando Gómez-Pinilla, las frutillas son uno de los alimentos con más antioxidantes, por lo que ayudan a las neuronas a limpiarse de los tóxicos que generan.
El Centro de Investigaciones de Nutrición Humana del Envejecimiento (Depto. de Agricultura de EE.UU.) realizó un experimento para comprobar su alta cantidad de polifenoles: alimentaron durante dos meses a ratones con una dieta rica en berries. ¿Resultado? Redujeron entre un 20 y un 30% la acumulación de tóxicos en el cerebro.
Otro estudio publicado en Diario de Química Agrícola y Alimentaria, de EE.UU., dijo que el consumo de este tipo de frutas cambia la forma en que se comunican las neuronas, haciéndolas más eficientes.

 
5-. Desayuno obligatorio
Sabido es que los nutrientes que no se comen en el desayuno no se pueden recuperar en las otras comidas del día. “Lo primero y más importante para un buen rendimiento escolar es un completo y equilibrado desayuno, con lácteos descremados, cereales con fibra sin azúcar y fruta natural”, explica Ana María Gutiérrez.
Tan importante es el desayuno, que un estudio de la Universidad de La Rioja, en España, mostró -en el año 2006- que el promedio de notas mejoraba en los adolescentes que consumían un desayuno de buena calidad. ¿Qué debe incluir el desayuno? Un alimento del grupo de lácteos, otro de las frutas y otro de cereales.

Dieta para niños  
6-. Curry y almendras para la memoria
Pruebas realizadas en el laboratorio de neurología de la Ucla mostraron que el curry facilita el aprendizaje. “En animales comprobamos que se ponen más inteligentes cuando ingieren este condimento, sobre todo después de lesiones cerebrales”, dice el neurobiólogo Fernando Gómez-Pinilla. Otros estudios evidenciaron efectos positivos en casos de alzheimer y ya se creó un medicamento basado en la curcumina, ingrediente clave del curry. Las almendras también ayudan a la memoria. En un estudio de la U. de Illinois-Chicago, las personas que comieron un puñado de almendras antes de un test de memoria obtuvieron mejores resultados que el resto.

El bocadillo más saludable se prepara con barra de pan y no con pan de molde

    Pan
    Sabe más a pan, huele más a pan y además es más saludable. A la hora de hacerse un bocadillo lo mejor es utilizar barra de pan y no el pan de molde o sandwich. La barra de pan es más saludable, concluyen los nutricionistas.
    Según explica la doctora Médico de Familia y Nutricionista del Hospital USP San Camilo de Madrid, Avelina Acebal Lucía, "la principal razón de ello es que la barra de pan no es un pan de origen industrial. Además si es integral mucho mejor por ser un alimento rico en fibra y por el aporte extra de vitaminas y minerales".
    No solo la calidad del pan es importante sino que la cantidad, en torno a los 100 gramos, y los condimentos que utilicemos también son determinantes. De este modo la doctora recomienda untar el pan con aceite de oliva o mostaza y no con mantequilla, margarina, mayonesa o quesos de untar grasos.
    Tipos de pan y sus propiedades
  • Pan integral.
    Contiene mucha cantidad de fibra no soluble. Previene el cáncer de colon, evita enfermedades coronarias, reduce el colesterol y es ideal para diabéticos.
  • Pan de salvado.
    Posee mucha cantidad de fibras. Es ideal para seguir una dieta.
  • Pan blanco.
    Aporta vitaminas, salvado, minerales y fibras pero en menor cantidad que los otros panes.
  • Elegir cómo de sano queremos el bocadillo
    "A un bocadillo se le puede otorgar el grado de alimento sano que se desee, pero todo lo sano que puede tener uno, lo puede tener el otro de grasas saturadas y de nocivo. Es por ello conveniente no meter a todos en el mismo grupo. No es lo mismo un bocadillo casero, donde se elige y se conocen las propiedades de cada uno de los ingredientes, que los consumidos en muchos establecimientos", explica Acebal.
    La nutricionista recuerda que, "si lo que preocupa es la línea, se evitarán también los embutidos, los patés y la charcutería en general". De este modo los productos menos grasos que aportan más proteínas y vitaminas son el jamón serrano, el lomo, el jamón cocido y la pechuga de pavo o pollo, que contienen un 10 por ciento de grasa o menos.
    Finalmente, hay que tener en cuenta que el aporte de hidratos de carbono en nuestra dieta, en este caso el del pan, es más recomendable al mediodía, cuando las necesidades energéticas son mayores, dejando para la noche los alimentos de mayor contenido proteico.

     // 20minutos.es

domingo, 15 de abril de 2012

El equilibrio a través de la alimentación

La dieta europea tiene demasiados productos refinados y demasiadas proteínas animales, demasiados lácteos y mantequilla o margarinas o grasas fritas. Todos ellos son alimentos demasiado densos para la vida sedentaria de la mayoría.

Se le está empezando a coger respeto a las grasas por aquello del colesterol y del infarto, pero todavía estamos lejos de cogérselo a alimentos aparentemente tan inofensivos como el azúcar o el pan blanco. Y es que los efectos no son de hoy para mañana. Un investigador checo, el doctor Bemásek, experimentó con ratas las consecuencias de una alimentación a base de harina blanca a la que se había añadido todos los nutrientes esenciales (vitaminas, minerales, lípidos y proteínas). Al cabo de un año y en algunas ratas sólo en su descendencia, aparecía, entre otros problemas una degeneración del esqueleto y de los ligamentos. Y como un año para una rata supone 30 para el hombre, los problemas por comer productos refi­nados a lo largo de los años, empezarían a aparecer al cabo de 30 años.

El equilibrio a través de la alimentación Por algo se dice: "La belleza hasta los 30 es un regalo de la Naturaleza y a partir de ahí, cada uno tiene la cara que se merece". Pero no hace falta esperar hasta los 30 para encontrarse con dolor de huesos, úlcera de estómago, barriga, papada, insomnio...

Hay otros muchos problemas relacionados con la mala nutrición que se con­sideran normales en los niños y adolescentes por la simple razón de que los sufren casi todos: caries, alergias, infecciones múltiples, nerviosismo, etc.

Un estudio sobre niños en edad escolar, revela una correlación significativa entre el número de caries y el tipo de alimentación: pan blanco, azúcar blanco. La mejoría procurada por la toma de flúor es poco evidente. Los niños que lo toman regularmente tienen al final peores dientes que los que lo toman sólo de vez en cuando.

También nuestro cerebro se resiente con nuestros errores alimenticios. Como afirma el neurobiólogo francés Jean-Marie Bourre en su libro "La dietética del cerebro": "comer mal atonta". El abuso de azúcar y productos que la contienen (bollicaos, donuts, chupa-chups, gominolas y demás chucherías) tan consumi­dos por nuestros jóvenes, producen entre otros muchos efectos, disminución de la capacidad de concentración mental. Prueba de ello es que que los adultos, sobre todo las mujeres solemos tomar dulces de una manera inconsciente cuan­do queremos olvidar nuestros problemas; los olvidamos al ser incapaces de con­centramos en ellos. Por la misma razón el hombre se va a la bebida.

Sin embargo hoy se afirma, sobre todo en los círculos médico-políticos, que la salud de los pueblos civilizados jamás había sido tan buena como ahora. Como prueba estadística se aduce el continuo aumento de la esperanza de vida. No obstante, las cifras estadísticas de muerte no hablan en ningún caso sobre la frecuencia de la enfermedad, por lo que transmiten la idea errónea de que el estado de salud general está mejorando. Si las estadísticas se basaran no en las muertes sino en las enfermedades, llegaríamos a un resultado bien diferente: cada vez estamos más enfermos aunque tardemos más en morirnos.

Es difícil tomar la responsabilidad de nuestra salud en un medio en el que la Ciencia y el Progreso se encargan de todo. La industria farmacéutica y dietéti­ca nos ha hecho creer que el cuerpo humano necesita continuamente supervi­sión médica, fármacos, vitaminas encapsuladas y complementos dietéticos para permanecer sanos.

En la mentalidad de casi todos está el achacar sus problemas a factores aje­nos a ellos: el frío, un virus, la mala suerte, la contaminación, ... Es cierto que estos factores influyen, pero no son determinantes.

Estamos convencidos de que la gripe del invierno pasado se debió al virus de turno y en realidad lo que ocurrió fue que el virus, al encontrar un lugar ape­tecible estuvo muy gustoso de quedarse en él.

Los microorganismos sólo proliferan cuando el medio interno es adecuado para ellos, y el medio interno se altera fundamentalmente con lo que ingerimos.

Muy pocos se cuestionan que incluso los tan consumidos lácteos puedan alterar su medio interno y causarles problemas.

El profesor americano William EIlis se ha ocupado durante años del tema y ha encontrado una relación directa entre el abundante consumo de lácteos y diversas alteraciones como alergias, otitis, faringitis, mucosidades, tumores... Todas estas investigaciones no habrían hecho falta si nos hubiéramos dado una vuelta por el campo observando atentamente. No encontraríamos ningún animal adulto mamando y mucho menos de hembras de otra especie diferente a la suya.

¿Enfermedades o defensas desarrolladas?


Todo organismo con energía pone en marcha unos mecanismos de defensa que muchas personas confunden con enfermedades y se apresuran a cortarlos.

Algunos estados desagradables como el dolor, la tos, la fiebre, el vómito, la diarrea, la fatiga, el estornudo y la inflamación, indican que nuestros meca­nismos de defensa están en acción. Por ejemplo, la tos elimina cuerpos extraños de los pulmones.

La capacidad de sentir dolor también es una defensa; los contados individuos que carecen de tal sensación no experimentan molestias cuando permanecen en la misma posición durante largo rato. Este estatismo antinatural dificulta el riego de las articulaciones y fomenta su deterioro. Tales individuos suelen morir precozmente en la edad adulta por lesiones de los tejidos y por infecciones.

No es lo mismo dieta equilibrada que Equilibrio a través de la Alimentación


El concepto de dieta equilibrada surgió pensando en los alimentos que proveen los nutrientes necesarios para el sustento, pero ha quedado un poco desfa­sado, porque establecer alimentos para que nos den un mínimo de nutrientes, nos ha llevado a tener otros en exceso, de los que no nos preocupábamos o que simplemente desconocíamos. No se trata sólo de cumplir los mínimos, sino de no exceder los máximos, y de elegir adecuadamente la procedencia de los nutrientes.

La dieta no es algo que se pueda medir matemáticamente, aislando determinados elementos. Los científicos han identificado como nutrientes en la dieta unos 60 elementos. Pero cada vez están saliendo nuevos componentes cuyo efecto era desconocido. Por eso hemos de comer lo que la naturaleza provee; cuanto más fresco, mejor, y no tomar elementos artificiales parcialmente sepa­rados y producidos en proporciones que no sabemos si son las correctas. De nada sirve tampoco tomar suplementos vitamínicos y luego seguir con la mala dieta de siempre.

Vivimos momentos de confusión, no sabemos a quién hacer caso. El verdadero problema es que nos hemos apartado tanto de la naturaleza que nuestra intuición y sentido común se han perdido. No nos queda más remedio que recu­rrir a las bases de la ciencia, para después de un largo recorrido encontramos de nuevo con la naturaleza.

La dieta más equilibrada es aquella que resulta compatible con el mejor estado de salud para cada uno. El estado de salud depende además de la constitu­ción, del medio en el que vivimos y de cómo nos movemos en él.

Nuestro cuerpo es como un coche que durará más o menos y en mejores o peores condiciones según lo conduzcamos. Claro que no todos los coches son iguales, a unos les toca conducir un mercedes y a otros un cuatro latas. Lo pri­mero es tomar conciencia de lo que tenemos entre manos. Está claro que el cua­tro latas no se puede permitir el lujo de correr tanto como el mercedes, tiene el peligro de quemarse.

Cada uno tiene una constitución heredada que no puede cambiar, pero sí mantener y sacarle el máximo rendimiento; ese es nuestro deber con la Naturaleza como partes integrantes que somos de ella.

Olga Cuevas Fernández

Extraido del libro "El equilibrio a través de la alimentación".

martes, 10 de abril de 2012

Alimentos bajo sospecha

¿Cuántas veces nuestras vidas corren peligro al realizar un acto tan sencillo como alimentarnos? Desde que la agroindustria conquistó el mundo entero, sólo vale el ansia de aumentar las ganancias, y todos pagamos las consecuencias corriendo riesgos de los que nadie nos advierte. La epidemia provocada por la bacteria E.Coli, la gripe porcina, el uso de transgénicos para fabricar piensos, la aplicación de nanotecnologías al mundo de los alimentos.
Primero fue la enfermedad de las vacas locas, y luego toda una serie de graves epidemias que han afectado a los seres humanos por el mero hecho de comer o ser agricultores. Porque, al propio tiempo, el Sur ha caído en las garras de una industria sin escrúpulos que condena a los agricultores a las hambrunas y el riesgo de la contaminación.
En Alimentos bajo sospecha Gustavo Duch alerta de los viejos y nuevos riesgos, y propone una alternativa tan buena para nuestra salud como para los agricultores. Se llama soberanía alimentaria, y todos, en la ciudad y en el campo, podemos contribuir a ella.
Gustavo Duch Guillot (1965, Barcelona) es licenciado en Veterinaria y Postgrado en Dirección de Empresas. Su mayor empresa ha sido la de colaborar en la construcción de un espacio para acercarse a la realidad rural de los países del Sur, Veterinarios sin Fronteras fundada hace 23años, y de la que ha sido su Director desde 1991 hasta el 2009. También, en el ámbito de la cooperación al desarrollo ha sido miembro de la Junta Directiva de la Federación Catalana de ONGD y Presidente de AGORA NordSud.
En los últimos años colabora estrechamente con los movimientos y campañas relacionadas con la lucha por la Soberanía Alimentaria de los Pueblos. Ha sido miembro de la Junta Directiva de la Plataforma Rural, colabora con las actividades de La Vía Campesina y con campañas como No te comas el mundo o Som lo que Sembrem
Colabora en distintos medios de prensa escrita como El Periódico de Catalunya, Público, La Jornada de México, Galicia Hoxe y El Correo Vasco, es autor de “Lo que hay que tragar” (Los libros del lince, tercera edición) y coordinador de la revista Soberanía alimentaria, Biodiversidad y Culturas.

lunes, 9 de abril de 2012

El peligro de las grasas hidrogenadas

¿En que alimentos se encuentran las grasas hidrogenadas?

Se encuentran principalmente en los alimentados elaborados industrialmente con aceites vegetales hidrogenados. Por otro lado, resultan tambien muy perjudiciales los productos elaborados con aceites o grasas vegetales que no especifican su procedencia, ya que suelen ser de palma o de coco. Los científicos no han determinado aún cual es una cantidad razonable de grasas trans para una alimentación sana, por lo cual las etiquetas sólo indican la cantidad de grasas trans por porción y no el porcentaje de la cantidad diaria recomendada. Los médicos y dietistas concuerdan en que es preciso limitar el consumo de grasas trans lo más posible.

A continuación se indican algunos productos en concreto que usan grasas hidrogenadas:

Muchos productos de bollería industrial, siendo de la marca Panrico los siguientes productos: Dónuts, Donettes, Bollycao, Phoskitos y la marca Que, y de la marca Bimbo: Pantera Rosa, Tigretón, Bony y la Rosquilla de los Simpson
Galletas: Oreo, Príncipe de Beckelar, Artinata de Artiach y el surtido Cuétara sabor (con el agravante de que muestran el dibujo de un corazón en el que pone "con oleosan cuidado natural")
Nocilla y Bocawa
Caramelos Mentos y Sugus
M&M's
Algunos turrones de varias marcas, entre los que están algunas variedades de Lacasa
Pastillas de caldo de algunas marcas, como los cubitos de pollo de Maggi
Algunas margarinas, dependiendo de la marca (no así las margarinas de nueva generación como la de la marca Flora Pro.activ que reduce el colesterol malo)
Lasañas, canelones y otros precocinados, dependiendo de la marca, por ejemplo los Medallones de Espinacas de Frudesa
Algunos productos en los que los ingredientes viene margarina (no se puede comprobar por que no especifican la marca de la margarina)
Frituras de algunas franquicias de burguers* o pizzerias
Huesitos
Tortitas Choco de la marca Luque
Tiras de regaliz Damel
Crema de cacahuete Capitán Maní (otro caso de publicidad engañosa ya que se anuncian en el bote sin colesterol e ideal para niños)
Picos de pan de la marca Dia
Cereales Jumblies de la marca Auchán (no lo especifica en los ingredientes en español, pero sí en portugués)
Pizzas de la marca Carrefour


* En España los restaurantes Mcdonalds utilizan en la actualidad una mezcla de un 20% de aceite de girasol y un 80% de aceite de girasol alto oleico para la fritura de patatas y productos de pollo. Esto es algo nuevo motivado por la respuesta de la sociedad (incluidas las demandas) y por el documental Super Size me en el que un hombre muestra los efectos de comer en McDonalds durante un mes. Ahora van de sanos (como quieren mostrar en su página web), después de obstruir las arterias de millones de personas durante décadas con una mezcla aceites y de grasas vegetales hidrogenadas. Si realmente les importara la salud del consumidor, en relación con las grasas hidrogenadas, retirarían las galletas Oreo, la Nocilla y las tartas de sus restaurantes, por lo que se puede deducir que su nueva actitud es comercial y para dar una apariencia. Por otro lado, en un menú están presentes más de 40 sustancias de aditivos, colorantes y aromas. Ni las manzanas se salvan, ya que como vienen cortadas necesitan E-302 para no oxidarse y con ella se incluye una tarrina de nocilla. Para más información sobre los ingredientes que utiliza McDonalds, se pueden ver en un cartel informativo que tiene cada restaurante. Por otro lado Burger King se está resistiendo también a eliminar estas grasas a pesar de las demandas, mientras que KFC está en camino, al igual que Dunkin Dónuts.

La lista de productos que incluyen "grasa vegetal" es enorme. Al no aclarar el origen de esa grasa, muchas marcas esconden aceites o grasas de palma o de coco. Algunos de estos productos son:

Mayonesa de bote
Patatas fritas Ruffles y Lays, entre otras, excepto las que incluyen la etiqueta 100% aceite de girasol o de oliva
Frutos secos fritos que no especifican el aceite utilizado
Los productos fritos en general de los que desconocemos el origen del aceite utilizado en la fritura, ya sean precocinados o de restaurantes
Casi todas las golosinas
La mayoría de productos de la marca Nestlé: Kit Kat,Crunch, cereales, Nesquik
Snacks dulces como Twix, Lyon, Snickers o Maltesers
Helados
Nutella
Quesitos
Galletas industriales ya sean dulces o saladas, como Chips Ahoy
Paninis y pizzas industriales
Pan de molde Panrico


Puede ser dificil no comer a diario estas grasas, sobre todo por que están en productos que saben especialmente bien, pero se puede reducir considerablemente su consumo comparado con los atracones que solemos darnos sin saber el peligro de lo que comemos.

El modelo de alimentación en el mundo es un drama que incluye antibióticos, hormonas, tranquilizantes, billones de animales maltradados y sacrificados al año, transgénicos, sobreexplotación de la tierra, pesticidas, contaminantes, aditivos, conservantes, colorantes, sobrealimentación, hambruna y publicidad engañosa. Es un modelo en el que priman los beneficios económicos sobre la salud y la ética.

En el primer mundo la mayoría de la gente no come lo que quiere sino lo que nos da este modelo, haciéndonos creer que eso es lo que queremos: comida industrializada. Mientras, el cáncer y las enfermedades cardiovasculares son la verdadera pandemia de este planeta a pesar de lo que diga la OMS. Este artículo trata de las grasas hidrogenadas, pero no es menos importante reducir en la medida de lo posible los productos de origen animal (los pescados también incluyen numerosos tóxicos), los que tengan aditivos, conservantes, colorantes, y fomentar el consumo de productos biológicos.

El Kiwi y sus propiedades

Aquí van algunos de los puntos más interesantes e importantes en relación a este fruto. No es que hagas caso a todo lo que dice el artículo, en esto es probar a ver como va.. porque esta info la he sacado de internet, y tampoco tengo la intención de leerme todos los estudios científicos para tomarme unos kiwis, pero bueno si que os recomiendo que integŕeis frutas de vuestra zona y las consumáis aparte de los otros alimentos. Aquí hay una lista de frutas y propiedades.

Y aquí el Kiwi:
Es un fruto exótico que proviene de las laderas del Himalaya, concretamente de China Continental.
El kiwi, llamado en principio “yang-tao” o “uva espina china” es originario de China, aunque se relaciona con Nueva Zelanda, país al cual llegó hace casi un siglo para convertirse en todo un símbolo nacional llegando incluso a adoptar el nombre de un ave no voladora autóctona de la isla.
El fruto se recolecta a mediados de octubre y principios de noviembre en España. Estos frutos no son comestibles inmediatamente después de su recolección, sino cuando se observa que tienen una consistencia algo blanda al tacto.
Desde Nueva Zelanda, posteriormente se extendió su cultivo a otras latitudes, llegando a países como España, Italia y Francia, principales países productores en Europa.

Su Mejor Epoca
Esta fruta, al madurar en invierno, aparece en el mercado a partir de octubre y se mantiene en perfectas condiciones hasta mayo. Sin embargo, otras variedades como el kiwi procedente de Nueva Zelanda, también pueden consumirse desde finales de mayo hasta principios de noviembre.

Propiedades Nutritivas
Su componente mayoritario es el agua. Es de moderado aporte calórico, por su cantidad de hidratos de carbono. Destaca su contenido en vitamina C; más del doble que una naranja, y vitaminas del grupo B, entre ellas el ácido fólico. Así mismo es rico en minerales como potasio, magnesio y fibra, soluble e insoluble, con un potente efecto laxante. La fibra mejora el tránsito intestinal. La vitamina C interviene en la formación de colágeno, huesos y dientes, glóbulos rojos y favorece la absorción del hierro de los alimentos y la resistencia a las infecciones. El ácido fólico colabora en la producción de glóbulos rojos y blancos, en la síntesis material genético y la formación anticuerpos del sistema inmunológico. El magnesio se relaciona con el funcionamiento de intestino, nervios y músculos, forma parte de huesos y dientes, mejora la inmunidad y posee un suave efecto laxante. El potasio es necesario para la transmisión y generación del impulso nervioso, para la actividad muscular normal e interviene en el equilibrio de agua dentro y fuera de la célula.

El kiwi es fruta con un alto contenido en agua y fibra, pero fundamentalmente destaca por su elevado contenido en vitamina C y E.
- Energía y macronutrientes . El kiwi es poco calórico, unas 54 kcal por cada 100 gramos de fruta. Aporta una cantidad moderada de hidratos de carbono en forma de azúcares (12%), un 1% de proteínas y 0,5% de grasa.
- Fibra. Proporciona cantidades importantes de fibra soluble, que ayuda a normalizar los niveles de colesterol y facilita el tránsito intestinal, evitando el estreñimiento.
- Vitaminas. El kiwi es una excelente fuente de vitamina C. Un solo kiwi cubre de sobra las necesidades diarias de esta vitamina tanto para un adulto como para un niño. También es rico en vitamina E y ácido fólico, llegando a cubrir un 9% y un 20% de las necesidades diarias de estas vitaminas, respectivamente.
De esta manera, el kiwi refuerza el sistema inmunitario, que defiende al organismo, previene de posibles infecciones (resfriados y gripes, entre otros), y favorece la absorción del hierro (por su riqueza en vitamina C).
También protege a las células del proceso de envejecimiento (por su contenido en vitaminas C y E) y ayuda a prevenir malformaciones fetales (por su destacado contenido en ácido fólico) por lo cual resulta muy recomendable en mujeres embarazadas.
- Minerales. Entre su contenido mineral, destaca el potasio, el magnesio y el cobre . Una sola pieza cubre el 10% de las necesidades diarias de magnesio.
El kiwi es rico en luteína, al igual que el huevo y otras frutas y verduras (espinacas, brócoli, acelgas). La luteína es un pigmento de origen natural (carotenoide) que actúa como un filtro de las radiaciones solares .
Defiende a la vista frente a algunos de los efectos dañinos del sol, y actúa como un antioxidante, que protege la vista del daño producido por el efecto de los radicales libres implicados en el envejecimiento y desarrollo de enfermedades degenerativas.
Numerosos estudios científicos relacionan la luteína con la prevención del cáncer, enfermedades cardíacas y degeneración macular relacionada con la edad y cataratas, ambas causas importantes de ceguera.

En Relación con la Salud:
Fácil de consumir; pelado o partido por la mitad y con ayuda de una cucharilla, resulta muy atractivo y apetecible para quienes no son consumidores habituales de fruta. Por este motivo y debido a sus propiedades nutritivas y al aporte de sustancias de acción antioxidante, su consumo es adecuado para los niños, los jóvenes, los adultos, los deportistas, las mujeres embarazadas o madres lactantes y las personas mayores.
Por su aporte de vitaminas C y ácido fólico, se recomienda especialmente a quienes tienen un mayor riesgo de sufrir carencias de dichos nutrientes: personas que no toleran o le disgustan los cítricos, el pimiento u otros vegetales, que son fuente casi exclusiva de vitamina C en nuestra alimentación o para personas cuyas necesidades nutritivas están aumentadas. Algunas de estas situaciones son: periodos de crecimiento, embarazo y lactancia materna. Así mismo, el tabaco, el abuso del alcohol, el empleo de ciertos medicamentos, el estrés y defensas disminuidas, la actividad física intensa, el cáncer y el Sida, las pérdidas digestivas originadas enfermedades inflamatorias crónicas.

La vitamina C, como antioxidante, contribuye a reducir el riesgo de múltiples enfermedades, entre ellas, las cardiovasculares, las degenerativas e incluso el cáncer. Además, debido a que la vitamina C aumenta la absorción del hierro de los alimentos, se aconseja en caso de anemia ferropénica, acompañando a los alimentos ricos en hierro o a los suplementos de este mineral ya que esto acelera la recuperación. Su riqueza en ácido fólico confiere al kiwi la propiedad de mejorar o prevenir anemias y reducir el riesgo cardiovascular y de espina bífida, un trastorno del sistema nervioso que puede darse en el feto durante los primeros meses de gestación.
Su contenido de fibra le confiere propiedades laxantes. La fibra previene o mejora el estreñimiento, contribuye a reducir las tasas de colesterol en sangre y al buen control de la glucemia en las personas que tienen diabetes.
Comentario Dietético

Desaconsejado: Enfermedad renal que requiere de una dieta de control de potasio. Diarrea y alergia a la proteína de la leche de vaca.

Adecuado y Muy adecuado: Para todas las edades, deportistas. Estreñimiento, riesgo cardiovascular, diabetes, hiperuricemia y gota, anemia, estrés y defensas disminuidas. Hipertensión (prescindir de la sal) y celiaquía.

Fuente:
http://alimentacion-sana.com.ar/Portal%20nuevo/actualizaciones/kiwi.htm

Alimentación para la Inteligencia

¿Le gustaría tener la receta para levantar su humor y desterrar los momentos de desánimo? ¿Se pregunta cómo puede conseguir un buen sueño nocturno?

Entonces, nutra su mente!

Para los expertos en medicina nutricional, lo que la mayoría de la gente logra intelectual, social y emocionalmente está por debajo de su verdadero potencial, pero una alimentación apropiada puede aumentar su inteligencia, mejorar su estabilidad emocional, reforzar su memoria y mantener joven su mente.
Según estos especialistas, una correcta combinación de nutrientes funciona mejor para las neuronas que los fármacos y carece de sus efectos secundarios, y muchas de las enfermedades mentales que hacen que la gente acuda a las consultas de psiquiatría pueden evitarse, aliviarse o curarse cambiando los hábitos alimenticios y con el apoyo de suplementos nutricionales.
"Sólo tiene un cerebro, cuídelo", señala el psicólogo experimental Patrick Holford, fundador del Instituto para la Nutrición Optima de Estados Unidos y autor del libro Nutrición óptima para la mente, en el cual brinda una serie de claves para pensar, recordar y sentirse mejor.
Según Holford, el modo en que cada uno piensa y siente depende directamente de lo que come, mientras que la mayoría de los problemas psicológicos pueden resolverse o aliviarse ayudando a la terapia psicológica, por medio de una correcta nutrición. El experto dice que hay cinco tipos de nutrientes que mantienen una salud mental de primera.
Datos clave
Equilibra tu glucosa. Para Holford los alimentos ricos en hidratos de carbono de liberación lenta, que el cuerpo transforma en glucosa, son el mejor combustible para el cerebro y el sistema nervioso, porque no forman sustancias tóxicas en el organismo, y liberan su energía de una manera constante y paulatina.
Engrasa tu cerebro. Si se le quita el agua, el cerebro está formado en un 60 por ciento de grasas, algunas de las cuales, como los ácidos omega-3 y omega-6 son esenciales tanto para prevenir dolencias como el Alzheimer o la depresión, y sacar el máximo provecho a la inteligencia. En cambio, el exceso de otras grasas, como el colesterol o las saturadas, es nocivo.
Fosfolpidos, las moléculas de la memoria. Son grasas inteligentes que ayudan a fabricar la mielina que recubre los nervios, favoreciendo que las señales lleguen sin problemas al cerebro, no sólo mejoran el humor, refuerzan la mente y optimizan el rendimiento intelectual, sino que además protegen frente al declive de la retentiva y el mal de Alzheimer.
Aminoácidos para los mensajes cerebrales. Estos compuestos, que son los ladrillos con los que se construyen las proteínas, mejoran la capacidad de comunicación interna del cerebro, y su deficiencia puede ocasionar depresiones, incapacidad de relajarse, mala memoria y falta de concentración. Si las palabras con que se comunican las neuronas y nervios entre sí son unos mensajeros químicos llamados neurotransmisores, las letras con las cuales éstos se forman son los aminoácidos.
Nutrientes que afinan la mente. Igual que en una producción artística donde trabajan numerosos asistentes detrás del escenario para respaldar a los intérpretes, sucede en el cerebro con las vitaminas y minerales, que ayudan a que la glucosa se transforme en energía, los aminoácidos en neurotransmisores, las grasas esenciales en otras más complejas, como el GLA o las prostaglandinas, y la colina y la serina en fosfolípidos. Estos nutrientes contribuyen a construir y reconstruir el cerebro y el sistema nervioso y permiten que todo funcione sin sobresaltos.

La dieta más sana para el intelecto.
Para garantizar un buen aporte de los cinco compuestos que alimentan el sistema nervioso y eliminar aquellos que lo perjudican, tanto para curar el cerebro, mejorarlo o evitarle problemas, el doctor Holford ha establecido diez reglas de oro que deben aplicarse a la dieta cotidiana:
1.- Come alimentos integrales, desde cereales integrales, lentejas, judías y nueces, hasta semillas, frutas y hortalizas frescas, y evita los alimentos refinados, blancos y demasiado cocidos.
2.- Toma cinco o más raciones de fruta y hortalizas cada día, eligiendo las de hoja y raíz, como berro, zanahorias, boniato, brécol, coles de Bruselas, espinacas, judías verdes o pimientos, crudos o ligeramente hervidos. Opta por las frutas frescas como manzanas, peras, bayas, melones o cítricos y come plátanos con moderación. Diluye los zumos frutales y toma fruta seca sólo de modo ocasional, en pequeñas cantidades y remojada.
3.- Toma cuatro o más raciones diarias de cereales completos como arroz, mijo, centeno, avena, trigo, maíz o quinoa, en forma de granos, pan y pasta integrales.
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4.- Evita cualquier forma de azúcar y los alimentos que la llevan añadida.
5.- Combina los alimentos de proteínas con los carbohidratos, ingiriendo cereales y frutas con nueces o semillas, y asegúrate de consumir productos de fécula, como patatas, pan, pasta o arroz, junto con pescado, lentejas, judías o tofú (requesón de soja).
6.- Ingiere pescado de especies carnívoras de agua fría. Una ración de arenques, caballa, salmón o atún fresco, dos o tres veces a la semana es una buena fuente de ácidos grasos omega-3, al igual que hay que incluir en la dieta buen fuentes de proteína vegetal, como las lentejas, judías, quinoa, tofu y hortalizas de semilla. Si tomas proteína de origen animal, elige carne de lomo o pescado.
7.- Come huevos, preferiblemente de granja, orgánicos y altos en ácidos grasos omega-3
8.- Come semillas. Las mejores son las de lino, cáñamo, calabaza, girasol y sésamo. Las aprovecharás mejor moliéndolas primero y esparciéndolas sobre cereales, sopas y ensaladas.
9.- Consume aceites de semillas prensados en frío, tanto para aliñar las ensaladas y las verduras.
10.- Minimiza la ingestión de alimentos fritos, productos procesados y grasas saturadas procedentes de la carne y los lácteos.

Alimentos perjudiciales para el intelecto
Citamos ahora algunos tipos de alimentos que no por ser comúnmente ingeridos dejan de ser nocivos para el funcionamiento de nuestro cerebro.
Carbohidratos de alto índice glucémico (dulces, pan, pastas, chocolate y derivados, y, en general, todos los productos ricos en glucosa y/o sacarosa).

El índice glucémico es la velocidad con que un carbohidrato (alimento fuente de energía) se convierte en glucosa en el torrente sanguíneo (la glucosa es el azúcar directamente utilizable por el organismo y el combustible del cerebro). A la glucosa se le da el valor estándard de 100. La ingestión de glucosa pura produce una elevación brusca de su nivel en sangre, lo cual incita al páncreas a producir una elevada cantidad de insulina para metabolizarla (los diabéticos necesitan inyectarse la insulina para absorber ese azúcar sanguíneo). El resultado es que poco tiempo después, dependiendo de la sensibilidad del individuo a la glucosa, el nivel de azúcar en sangre está más bajo de como estaba antes de la comida, con la consiguiente sensación de cansancio, adormecimiento y bajo rendimiento. No olvidemos que si hay poca glucosa en sangre, el cerebro lo nota rápidamente y tiende a aletargarse.

Los alimentos con índice glucémico cercano a 100 tienen este efecto sobre el organismo. Entre ellos tenemos a la sacarosa (el azúcar común de mesa, con la cual se fabrican todos los productos dulces al paladar). Pero no es el azúcar el único malo de la película. Hasta hace unos años era comúnmente creído que la clasificación fundamental de los glúcidos era dividirlos en carbohidratos simples y carbohidratos complejos.
Entre los primeros están la citada sacarosa, la fructosa y la glucosa. Los últimos son los polisacáridos, entre los que se incluyen féculas y almidones. Se decía que estos últimos, puesto que están formados por una gran cantidad de los primeros y tienen que descomponerse en azúcares simples, tenían un paso gradual a la sangre, con lo que no provocaban esa excesiva producción de insulina, nefasta como hemos dicho. La realidad es bien distinta. Hay un azúcar simple, la fructosa, que se convierte lentamente en glucosa, y no incita a esa reacción corporal tan perjudicial. Su índice glucémico es alrededor de 20. En cambio, las pastas (macarrones, spaguettis, etc) están compuestas de polisacáridos, pero su índice glucémico ronda el valor de 70, por lo que van a perjudicarnos de la manera en que hemos explicado.

Los carbohidratos de alto índice glucémico tienen aún otro efecto adverso sobre el rendimiento intelectual. Se trata de que todos nuestros procesos cerebrales (cognitivos y emotivos) están dirigidos por unas sustancias llamadas neurotransmisores. El organismo los produce a partir de unos determinados aminoácidos, llamados precursores. Los aminoácidos son los componentes de las proteínas, el principio alimenticio encargado, entre otras funciones, de aportar la materia prima para construir y regenerar el organismo. Son alimentos ricos en proteínas la leche, los huevos, la carne y el pescado. Los productos vegetales también aportan proteínas (algunos en cantidades considerables, como la soja), pero estas proteínas son incompletas porque son deficitarias en alguno de los aminoácidos esenciales, los cuales tienen que estar presentes todos a la vez en el momento de la absorción para que el cuerpo vuelva a ensamblarlos, junto con los no esenciales, que pueden no estar presentes en la comida, para formar tejido proteico, células, etc. Es decir, todas las proteínas vegetales tienen una cantidad muy pequeña de alguno o algunos de los aminoácidos esenciales, con lo cual no hay prácticamente síntesis proteica. La opción para los vegetarianos consiste en mezclar un alimento al que le falte un determinado aminoácido con otro que sea una buena fuente suya, y que el primero, a su vez, supla las deficiencias del segundo. Se trata de una tarea difícil, y que requiere estar bien informado de la composición de cada tipo de proteína vegetal . De lo contrario, pueden aparecer problemas de salud y, por supuesto, bajo rendimiento intelectual.

Paradójicamente, el triptófano, aminoácido precursor del neurotransmisor encargado del sueño y de la estabilidad emocional (serotonina), no atraviesa la barrera sangre/cerebro al ingerir proteínas, aunque esté contenido en éstas, porque siempre llegan antes los aminoácidos precursores de los neurotransmisores activadores (tirosina y fenilalanina) y los aminoácidos neutros. Esto impide que el triptófano acceda al cerebro y que se eleven significativamente nuestros niveles de serotonina. El triptófano llega al cerebro cuando se ingiere un alimento con una cantidad prácticamente nula de proteínas y rico en carbohidratos de alto índice glucémico. Así, cuando comemos dulces, patatas, pan o pastas, si no tomamos una cierta cantidad de proteínas, el aletargamiento será doble: por un lado, el producido por la bajada de la glucosa sanguína y, por otro, el provocado por el acceso del triptófano al cerebro, ahora no dificultado por los otros aminoácidos, que va a elevarnos significativamente nuestro nivel de serotonina, la cual nos va a incitar a dormir, y no a jugar al ajedrez.
Debemos indicar que el índice glucémico de un carbohidrato se reduce al acompañarlo de otro alimento, puesto que se retarda la absorción. Es difícil calcular el índice de una comida compleja, pero lo dicho anteriormente vale como esquema a seguir.
Me van a permitir hacer un comentario curioso. Los famosos productos light, a los que se les quita casi todo su contenido en grasa, pueden engordar más que su origen no desgrasado, ya que el índice glucémico se eleva al eliminar la grasa. Se produce más insulina y, por tanto, más almacenamiento en el tejido adiposo. No olvidemos que la grasa se almacena por la acción de la insulina. No es la grasa la que engorda, sino la insulina producida por los carbohidratos ingeridos. Eso explica que nuestra sociedad esté cada día más mentalizada en un bajo consumo de grasa y, sin embargo, haya cada vez más obesidad.

Exceso de grasas en la dieta.
Los alimentos ricos en grasa son los que más tiempo tardan en pasar del estómago al intestino, donde son absorbidos. Requieren de una digestión lenta, por lo que se envía una gran cantidad de sangre a la zona abdominal, para facilitar la tarea. Por tanto, va a llegar menos sangre al cerebro. Al estar peor irrigado, su funcionamiento no va a ser óptimo. Igual que en el apartado anterior, en lugar de jugar al ajedrez, tendremos ganas de echarnos la siesta.

Una dieta baja en proteínas
Los médicos llevan décadas diciéndonos que un exceso de proteínas es perjudicial porque satura los riñones. Se ha venido recomendando una ingestión de aproximadamente un 15-20% de proteínas del total de calorías, incluso en deportistas.
No vamos a tratar aquí, porque no es el lugar apropiado para hacerlo, cuál debería ser el reparto del total de calorías entre proteínas, carbohidratos y grasas. Se trata de un tema muy debatido en nutrición, aparte de que no me gusta hacer afirmaciones dogmáticas sobre ningún tema, porque cada individuo es distinto, y lo que funciona para uno, puede no servir para otro.
Me limito a señalar que las tendencias actuales recomiendan un reparto de un 40% para los carbohidratos, un 30% para las proteínas, y un 30% para las grasas. Entre los dietistas que defienden esta postura está Barry Sears, quien describe en sus obras cómo de esta forma puede regularse la secreción de insulina y de glucagón (su hormona antagónica: si la insulina se encarga de llevar la glucosa hacia los depósitos corporales, ya sea en forma de glucógeno, ya sea en forma de grasa cuando los depósitos están llenos, el glucagón, por su parte, se encarga de liberar glucosa en sangre cuando se necesita) de manera que tengamos una buena salud, un perfecto rendimiento físico e intelectual, y evitemos la obesidad y el exceso de insulina, causas de los males del hombre moderno.