jueves, 21 de junio de 2012

Desde Brasil a la India, ¡mis zapatos han viajado más que yo!

El largo camino de los zapatos comienza en Brasil, de donde procede un tercio de la piel destinada a su fabricación. Allí se cría el ganado en grandes explotaciones, normalmente en terreno proveniente de la  deforestación de la selva amazónica. Un 80 % del suelo deforestado se dedica a la cría de ganado, ya sea para consumo, para el aprovechamiento de la piel, etc. Brasil es el primer exportador mundial de cuero bovino. Además de atentar contra el medio ambiente, las condiciones de trabajo en algunas de estas fincas ganaderas llegan a ser casi de esclavitud, ya que las pocas condiciones de seguridad terminan con la vida de cientos de trabajadores: picaduras de serpiente, desnutrición, enfermedades, accidentes laborales...

Los animales viajan completamente hacinados hacia el matadero, para lo cual a veces recorren grandes distancias y llegan en pésimas condiciones debido a la crueldad de este transporte. Como esto es ilegal, los camiones que los transportan realizan su recorrido de noche, para evitar a la policía.

Siguiente parada: La India

A continuación, las pieles de los animales viajan a la India, donde son curtidas en las tenerías para su posterior elaboración. Para el curtido, las pieles se tratan con numerosos compuestos químicos, y metales pesados que contaminan los ríos y acuíferos locales, y también el suelo. Además los trabajadores trabajan en contacto con estos materiales y sin apenas medidas de seguridad, lo que ocasiona que muchos daños a estas personas, que se intoxican por la inhalación de los gases de estos residuos.

Fabricación del calzado: de viaje a China

De la India, el cuero viaja al Oriente Asiático: China, Indonesia o Vietnam, donde los empleados fabrican los zapatos en largas jornadas laborales y condiciones muy duras, donde la seguridad laboral es casi inexistente y la explotación infantil es algo cotidiano.
Lo más revelador es que el precio de los zapatos tras todo este proceso no pasa de los 4 euros, lo que nos indica lo desproporcionados que son los salarios de las personas que intervienen en el proceso, ya que ese par de zapatos, una vez instalado en el escaparate de una tienda en Europa oscila alcanzando incluso varios cientos de euros.

¿Qué puedo hacer yo para no contribuir a este engranaje?

España es el tercer productor de calzado en la Unión Europea, pero numerosos puestos de trabajo se han perdido en nuestro país a causa de estas prácticas.
La Ocu, además ha realizado un estudio para evaluar las prácticas de las distintas marcas de calzado que se comercializan en nuestro país, lo que nos permite, a la hora de comprar unos zapatos, optar por aquellas marcas cuya política de producción sea más ética.

Como recomendación final, antes de comprar unos zapatos, pensemos bien si realmente los necesitamos, ya que un consumo irresponsable nos hace partícipes de esta larga cadena de producción, donde la ética parece relegada al olvido a cambio del beneficio económico de ciertas empresas. A continuación puedes ver un vídeo de la OCU que pone de manifiesto las condiciones de trabajo de las personas que participan en la fabricación del calzado.
 
Fuente: OCU

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